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La fórmula TLC
07 May 2003

Canarian Island el Hierro: En la más pequeña y menos turística de las islas del Archipiélago Canario, El Hierro, hay un refugio para burros. En una finca de unos 5.000 m² situada al noroeste de la isla, viven en la actualidad 26 de estos animales, bien por ser ya demasiado viejos bien porque nadie los quiere.

"Queremos ofrecer a los burros, que durante toda su vida han trabajado duramente para el hombre, una vejez digna", afirma Philip Townsend. Este inglés de nacimiento y su esposa, Carina, alemana, trabajan desde hace más de seis años para el proyecto Los burros felices. Philip trabajaba antes como arquitecto y perito de estática de construcciones. Carina ejercía en el campo de la medicina y la asistencia social, hasta que hace ocho años decidió dedicarse a la protección de animales en la isla de Lanzarote. La pareja fundó el proyecto primeramente salvando y cuidando a dos burros.

 De esta manera, en su primer año de estancia, los Townsend salvaron a 13 burros de una muerte dolorosa en El Hierro. Durante los seis años siguientes, fueron acogidos en el refugio 61 animales, el 40 % de ellos procedentes de El Hierro y el resto de las otras islas del archipiélago.

 Gracias al compromiso voluntario de los Townsend, los burros felices a la salida del pueblo de Guarazoca se han salvado de un destino al que no sólo están condenados los animales de trabajo de edad avanzada, sino también muchas personas que, debido a su edad o a alguna enfermedad, ya no rinden lo suficiente. Los dueños se deshacen de los animales.

 Además, muchos burros están condenados a una muerte cruel, pues muy a menudo se les abandona atados en zonas remotas de las islas sin agua y comida, como en el caso de la burra Canella. Unos turistas la encontraron por casualidad y a tiempo, lo que permitió salvarla.

Los burros pueden llegar a vivir hasta 45 años. Pero muchos mueren a la edad de 25 años a causa de la dura explotación física y las malas condiciones a las que son sometidos por sus dueños. Debido a una mala alimentación, muchos burros padecen de Laminitis, una enfermedad que afecta los cascos y, por ende, los huesos de las pezuñas de los animales. En el refugio se les ofrece atención médica. Philip realiza las operaciones necesarias de las patas conjuntamente con herreros. En la mayoría de los casos se consigue que los animales se recuperen totalmente.

 Una cooperación de diez años con veterinarios y herreros permitió a la pareja adquirir los conocimientos técnicos necesarios para el tratamiento de los burros.

 Además del cuidado de los animales, Philip y Carina forman también a voluntarios. La mayoría son jóvenes que llegan a la isla procedentes de todos los países del mundo y aprenden el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades y el cuidado de los animales. Los Townsend enseñan a los voluntarios la importancia y la práctica de la fórmula TLC Tender, Love and Care (cariño, amor y cuidado). La estancia, que dura entre dos y seis meses, es para muchos una experiencia intensa e inolvidable. Después de volver a su país, la joven Neozelandesa Lindsy puso en práctica toda la experiencia adquirida cuidando burros en las granjas de su país. Frya, una joven Sueca, que en su país trabaja con personas discapacitadas, volverá una segunda vez por un periodo de seis meses a la granja de El Hierro para adquirir más experiencia con los animales y profundizar sus conocimientos.

Hubo practicantes que llegaron con una enfermedad grave a Los burros felices. Carina y Philip afirman que el trato con los burros en el clima canario tiene un efecto positivo en la curación de personas enfermas.

Los burros son unos animales interesantes: su volumen cerebral es cuatro veces mayor que el de un caballo y, según palabras de Carina, estos animales son en la misma medida más inteligentes que los caballos. Los burros se dan cuenta muy rápido de quién se les acerca con buenas intenciones y no son rencorosos. Ramón fue recogido hace cuatro años. Llevaba un arnés de hierro y cuero sobre la cabeza desde hacía 23 años y durante este tiempo había sido objeto de una dura explotación física por parte de sus dueños. Fue necesaria la fuerza de cinco hombres para sujetar a este animal, extremadamente tímido y desconfiado, y quitarle el arnés. Las piezas de hierro estaban empotradas en el lomo de su hocico y el quitárselas le produjo una dolorosa herida. Apenas tres semanas más tarde, Ramón ya había adquirido tanta confianza como para poner su cabeza en el hombro de Carina. Hoy en día es un animal confiado y cariñoso.

Estos animales de orejas largas y cabezas grandes han sido durante 6.000 años fieles compañeros del hombre. En los últimos años su trabajo está siendo sustituido cada vez más por máquinas. El burro tiende a extinguirse en las Islas Canarias, puesto que el número de estos animales disminuye rápidamente. Carina dice: "Nos gustaría dirigir un criadero de burros, para que nuestros nietos no tengan que ir un día al parque zoológico para ver a uno de estos animales. Pero nuestros recursos económicos son muy limitados."

Los Townsend han invertido sus reservas financieras en la compra del terreno y la construcción y ampliación de los establos y de los pastos. Sus ganancias revierten casi íntegramente en el mantenimiento de la granja. Obtienen algunos ingresos mediante el alquiler de dos bonitos apartamentos a turistas y Philip hace en su tiempo libre móviles de madera con motivos de burros que se pueden comprar, además de otros artículos, en la granja. Solamente los gastos de alimentación por burro ascienden aproximadamente a 60 euros al mes.

 No existe todavía ninguna subvención oficial, aunque Los burros felices son algo único en las Islas Canarias y un atractivo turístico para El Hierro. Además de la interesante experiencia turística -- cuando se visita la granja (con niños), una hora y media de tiempo pasa volando -- el contenido del proyecto invita a la reflexión al visitante que viene de la Europa central industrializada para descansar en la isla. Aquí se cuestiona en vivo y en directo la percepción que allí se tiene del principio de rendimiento y sustituibilidad. Al visitante se le recuerda la responsabilidad del hombre para con la naturaleza y su salvaguardia, el respeto que debe a los seres vivos y la historia común del hombre y de los animales. Desde 2002, el proyecto aparece en el libro de texto escolar Toc, Toc Felicidades de Antonio Basanta y Luis Vázquez.

Autor: Robert Warnke

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