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'Ser voluntario es alejarse del lujo'
27 October 2005
by Daizen Oda

Daizen Oda, coordinador del Voluntariado de la ONU en Ecuador, lee un cuento a indígenas de Imbabura en agosto pasado. (De: Compañía Anónima El Universo)Daizen Oda, coordinador del Voluntariado de la ONU en Ecuador, lee un cuento a indígenas de Imbabura en agosto pasado. (De: Compañía Anónima El Universo)
San Pablo es una comunidad de secoyas y cofanes que está a tres horas de Sucumbíos en esos barquitos pequeños a través del río. Ahí llegué en junio del 2000 como uno de los 130 voluntarios de las Naciones Unidas en el Ecuador.

Era la primera vez que estaba allí y, aunque no tenía ninguna idea previa, esperaba que hubiera mayor comunicación, pero no. La gente vive en cabañas, sin luces, se comunica por la radio. Los indígenas tienen la cara pintada, hablan el quichua, es muy diferente a lo que uno vive en los países con desarrollo.

En mi caso, como japonés, había dejado la comodidad de un trabajo de oficina ganando ocho mil dólares mensuales, para venir a trabajar como voluntario de la ONU.

La idea era crear un telecentro comunitario, que no es otra cosa que espacios con computadoras, una especie de centro informático para que los habitantes conozcan del mundo, pues ellos muchas veces ni siquiera han salido a la ciudad.

Estuve 20 días. Las noches eran tan oscuras que casi no podía ver nada. En cambio, los cofanes gustaban de caminar en la noche, en una de aquellas, creo que comí mono sin darme cuenta. A ellos no les gusta que uno rechace la comida, también tuve que tomar la chicha blanca, esa que los indígenas del Oriente mastican.

Creo que eso es parte del trabajo del voluntario, porque trabajar para el desarrollo no es lujo, es, como se dice aquí, ponerse la camiseta, moverse en el campo, donde está la pobreza.

Los cofanes viven de la pesca y de la naturaleza. En los días en que estuve en casa del líder de la comunidad me tropezaba con cucarachas y murciélagos, pero así es la vida de los indígenas y así también es la vida del voluntario, ayudar donde lo pongan.

Cuando terminé mi trabajo, regresé a Quito con más de 5 mil picadas de mosquitos, pero con muchas ganas de volver a San Pablo, donde realmente la gente nos necesita.

Daizen Oda es el Coordinador de los Voluntarios de las Naciones Unidas.